El primer ministro británico fuerza la salida de Mark Sedwill, jefe del Servicio Civil y secretario del Gabinete.

Fuente: El País.

El secretario del Gabinete de Boris Johnson y máxima autoridad de los civil servants (servidores civiles, o altos funcionarios de carrera), Mark Sedwill, de 55 años, ha anunciado este domingo a última hora que tira la toalla. A partir de septiembre, abandonará su puesto al frente de la Administración y dejará también de ser asesor de Seguridad Nacional. Su retirada viene precedida de una campaña de filtraciones y mensajes envenenados a la prensa por parte de sus enemigos políticos, encabezados por el polémico y maquiavélico asesor estrella de Johnson, Dominic Cummings. Durante los últimos meses han esparcido la idea de que la pandemia sobrepasó las capacidades de Sedwill, encargado de coordinar la respuesta de los diferentes ministerios, y le han atribuido la responsabilidad de una gestión tardía y errática.

Es el enésimo capítulo de una batalla histórica entre los políticos y el establishment de Whitehall, la avenida que une el Parlamento con la plaza de Trafalgar y aglutina todos los edificios gubernamentales, por donde miles de altos funcionarios se desenvuelven alejados de la luz pública. Margaret Thatcher les declaró la guerra y quiso sustituirles por ejecutivos empresariales que introdujeran agilidad y eficacia a los ritmos del poder; Tony Blair camufló bajo el manto de la reforma una excesiva ideologización de un cuerpo que, por tradición, debe “poseer suficiente independencia, personalidad, habilidad y experiencia como para ser capaces de aconsejar, asistir, y hasta cierto punto, influir en aquellos que, de tiempo en tiempo, son sus superiores”. Así lo plasmaron los dos grandes creadores del Servicio Civil moderno en 1853, Sir Stafford Northcoate y Sir Charles Trevelyan.

Cummings ha convencido a su jefe y máximo protector, Johnson, de que debe dar un vuelco revolucionario a la Administración británica, y deshacerse de unos altos cargos que representan una rémora para sus ambiciones. A cambio, defiende el asesor, hay que rellenar los puestos clave con personas procedentes del campo de la ciencia y la empresa, con capacidad de ofrecer respuestas innovadoras al nuevo mundo al que se encamina el Reino Unido en la era posBrexit. El actual jefe de Gabinete de Johnson, Michael Gove (un puesto equivalente al de ministro de la Presidencia), es aliado de Cummings en una causa que ha hecho suya: la reforma radical del Gobierno. Este fin de semana pronunciaba una conferencia en la Fundación Ditchley que pasó desapercibida, pero que, desatado horas después el terremoto, ofrecía las claves claras de lo que se avecinaba: “Durante muchas décadas hemos fallado en asegurar que los altos cargos de nuestro Servicio Civil tuvieran las habilidades básicas para servir a su Gobierno y a sus ciudadanos”, proclamaba Gove.

“Hace dos años, cuando mi predecesor enfermó, la primera ministra Theresa May me pidió que ocupara el puesto de secretario del Gabinete. Usted me pidió que siguiera al frente para apoyarle en el impulso del Brexit y durante el periodo electoral. Obviamente, lo correcto era permanecer también durante la fase más aguda de la crisis de la covid-19″, ha explicado Sedwill en su carta de renuncia dirigida a Boris Johnson. El primer ministro no se ha querido manchar las manos en la refriega, y ha correspondido el gesto del alto funcionario con un texto plagado de elogios. “Su trabajo ha supuesto, bajo cualquier estándar, una contribución masiva a la tarea de Gobierno. Como primer ministro, he apreciado particularmente su calma y sus perspicaces consejos”, le ha escrito Johnson. Sin embargo, tanto algunos de los hombres que ocuparon previamente el complejo puesto de Sedwill como la FDA (el principal sindicato de los altos funcionarios británicos) han arremetido contra un movimiento “cobarde” que, aseguran, deteriorará la calidad de la administración. “Downing Street y su entorno han intentado destruir a Mark Sedwill y el propio liderazgo del Servicio Civil con una serie de briefings (conversaciones confidenciales con los medios) anónimos en su contra a lo largo de muchos meses. No solo es una táctica corrosiva y autolesiva, sino que se trata de algo cobarde contra lo que no han podido responder sus víctimas”, ha dicho Dave Penman, el secretario de la FDA.

Sedwill, quien contrajo la covid-19 días después de que lo hiciera el propio Johnson (aunque, inexplicablemente, salió a la luz semanas después) ocupaba además el puesto de asesor de Seguridad Nacional. Downing Street ya ha anunciado que su sustituto en esta tarea será David Frost, el hombre que actualmente está al frente de las negociaciones del Brexit con el negociador de la UE, Michel Barnier. Aliado y amigo de Cummings y de Gove (Frosty, le llaman ambos), la designación de un asesor político en un puesto tan delicado asegura la polémica desde el primer minuto.

Es innegable que Johnson y Sedwill nunca alcanzaron la complicidad necesaria en una relación tan delicada, en la que se exige al alto funcionario lealtad al Gobierno de Su Majestad e independencia para llevarle la contraria cuando lo estime necesario. “Salvo en el seno del matrimonio, no existe asociación que implique un mayor grado de confianza, en la que deba ejercitarse mayor dosis de contención y paciencia o en la que deba existir mayor empatía”, definió el puesto de secretario de Gabinete Benjamin Disraeli, el primer ministro fundador del moderno Partido Conservador, en su novela Endymion. Esa comunicación íntima tan cercana al matrimonio sí la tiene Johnson con Cummings, su principal asesor. Con la derrota de Sedwill, que anticipa la de otros muchos altos funcionarios que serán relevados, ha demostrado su capacidad de supervivencia y su enorme grado de poder en el actual Gobierno. No solo salió ileso del escándalo que supuso su escapada al campo en pleno confinamiento, sino que los movimientos del primer ministro han dejado claros que sigue siendo el hombre más irremplazable en Downing Street.