El politólogo estadounidense- quien residió en el Perú- afirmó que los peruanos no quieren volver a un régimen fujimorista, pero tampoco quieren ir a uno bolivariano.

Fuente: El Comercio

Steven Levitsky, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Harvard, consideró que ni Pedro Castillo (Perú Libre) ni Keiko Fujimori (Fuerza Popular) representan “el cambio moderado” que la mayoría del país exige. Agregó que el profesor requiere una cohesión más allá de Juntos por el Perú, mientras que la exparlamentaria asumir compromisos, como que “no haría la represión atroz que hemos visto en los últimos en Colombia”.

— ¿Al inicio de esta elección, usted imaginó esta segunda vuelta, más que por lo nombres, por lo que representan: una derecha conservadora versus una izquierda también conservadora?

Mira, no hubiera dicho que Castillo, quien era casi un desconocido al inicio de la campaña, iba a terminar en segunda vuelta, pero sí sabíamos que la elección iba a estar muy fragmentada, mucho más que elecciones anteriores. Y en una elección tan fragmentada, en la que ocho, diez o doce candidatos [tienen] posibilidades de ganar, casi cualquier cosa puede pasar. Un candidato con 2%, 3% o 4% con un poco de organización o con un grupito de activistas muy comprometido podía llegar a 10% u 11% y llegar a la segunda vuelta. Yo siempre pensaba que Keiko Fujimori, aunque sea poco popular, con un 70% en su contra, tenía un piso alto, un 10% muy fuerte, tenía posibilidades de llegar a la segunda vuelta. No esperaba a Castillo, pero tampoco es tan sorprendente que un partido con cierta organización, un grupo de izquierda, un grupo muy ideologizado, pueda llegar a la segunda vuelta.

— ¿La incapacidad de los partidos de formar coaliciones nos ha dejado en este escenario?

[…] El hecho de que dos candidatos que son básicamente antidemocráticos lleguen a la segunda vuelta sí es una tragedia y sí, es consecuencia de que los partidos del centro democrático no pudieron coordinar. Como muestran las encuestas, una sólida mayoría de los peruanos quieren un cambio moderado del modelo económico, no lo quieren mantener como está, tampoco quieren tumbarlo por completo. Ningún candidato que represente ese cambio moderado llegó a la segunda vuelta. La mayoría de los peruanos no quiere volver a un régimen fujimorista, tampoco quieren un régimen bolivariano, quieren mantener una democracia liberal o electoral. Pero los partidos que están más o menos comprometidos con la democracia liberal no llegaron a coordinar y llegar a la segunda vuelta, eso sí es una tragedia.

— Mario Vargas Llosa, al momento de respaldar la candidatura de Fujimori Higuchi, refiere que “con ella en el poder, más posibilidades de salvar nuestra democracia, en tanto que con Pedro Castillo no veo ninguna”. ¿Perú Libre representa un mayor riesgo que Fuerza Popular?

No comparto la perspectiva de Mario Vargas Llosa, creo que los dos son fuerzas antidemocráticas. Keiko Fujimori y la coalición que representa promete abiertamente mano dura que es algo que amenaza los derechos civiles y los derechos humanos. [Fuerza Popular] tiene una actitud poco tolerante con la izquierda y los movimientos sociales que protestan en varias partes del país. Yo creo que un gobierno fujimorista sería, como mínimo, parecido a los que estamos viendo en Colombia, un gobierno de derecha antiliberal y con ciertas tendencias autoritarias.

Yo veo mucho riesgo autoritario en Keiko Fujimori, también con Castillo. Castillo y Perú Libre no son solamente chavistas, sino pro Maduro, y son muy poco tolerantes con las instituciones independientes. Le pueden hacer también mucho daño a la democracia. También veo la posibilidad de que [un eventual] gobierno de Castillo sea muy débil, porque no tiene mayoría en el Congreso, no tiene apoyo de los medios nacionales, tampoco del sector privado y no cuenta con capacidad de movilización. No es Evo Morales [y Perú Libre] no es el MAS. Y no tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas, así que una cosa es querer seguir la ruta bolivariana y no dudo que Castillo y, sobre todo, Perú Libre quieran seguir ese camino, otra cosa es poder hacerlo. De eso no estoy tan seguro.

— Castillo ha referido que “desactivará” la Defensoría del Pueblo y que cerrará el Tribunal Constitucional. ¿Es una amenaza a la institucionalidad?

Obviamente, si alguien dice que quiere tumbar una institución independiente, como el TC o la Defensoría del Pueblo, es una amenaza, es terrible, pero el tipo podría terminar en la calle vacado antes de que pueda hacerlo, podría ser víctima de un golpe de Estado antes de poder hacerlo. No hay ninguna garantía en el mundo de que va a poder cumplir con su palabra. Y eso, la única esperanza que tenemos los demócratas es la debilidad de Castillo.

— ¿Castillo, cuyo plan de gobierno apuesta por el estatismo, puede moderarse? ¿Puede ponerse el polo blanco como lo hizo Humala en el 2011?

Hoy en día es difícil, porque dentro de la cultura de la izquierda, Ollanta Humala, el polo blanco y la hoja de ruta son vistos como la gran traición. Entonces, ningún político de izquierda puede pagar el costo político de repetir lo de Humala, tienen que decir “no”, que no habrá hoja de ruta ni polo blanco. En la práctica, si llega al poder, yo creo que lo más probable es que Castillo se modere mucho. Casi no tiene equipo de asesores, pero de lo que yo he visto me parece que es un político pragmático. Es posible estatizar la economía peruana, pero es muy difícil, muy costoso, arriesgado y francamente dudo que lo haga.

— ¿En cuánto debilita a Castillo no presentar un equipo de plan de gobierno?

A la gente que lee El Comercio, como yo, nos molesta mucho que no tenga un programa de gobierno, pero en todo el electorado no sé si importa tanto. Lo que Castillo representa no es una plataforma, no es una política pública, es el cambio. Es una figura que no pertenece a la élite política, a una élite política que es vista como totalmente corrupta, es visto como un outsider que no viene de la clase dominante de Lima, ese es su fuerte. A mí me gustaría verlo, pero no creo que necesita un detallado plan de gobierno o un equipo técnico para llegar a la Presidencia. [Alberto] Fujimori tampoco lo tuvo en el noventa.

— ¿Puede Castillo desmarcarse de la sombra de Vladimir Cerrón?

No sé, tampoco sé a cuántos les molesta, es una preocupación en Lima como debe ser, Cerrón es un tipo autoritario. Es una preocupación legítima en Lima, no sé cuánto pesa el nombre de Cerrón en el interior del país y en las bases de Castillo. Pero si Castillo quiere romper con Cerrón lo puede hacer perfectamente. Los millones de votos que tiene Pedro Castillo pertenecen a Pedro Castillo, no pertenecen a Perú Libre ni a Cerrón. Si Castillo quiere romper mañana o el día después de las elecciones con Cerrón, puede hacerlo y, francamente, creo que lo va a hacer.

— ¿Puede Castillo activar el discurso antifujimorista en el balotaje, o este es un discurso moral de clases medias-altas?

El anti más fuerte en el Perú hoy en día son el anti establishment, el anti estatus quo y el anticorrupción. Esta es la tercera vez que Keiko Fujimori postula a la Presidencia, ya no es una outsider, ya no representa el cambio, representa el estatus quo, la continuidad del modelo económico y para mucha gente la corrupción por las denuncias en su contra. Entonces, Pedro Castillo siendo anti establishment, anti estatus quo y anticorrupción, le basta, no tiene que ser antifujimorista. Los antifujimoristas están divididos, algunos están con Keiko Fujimori, como Mario Vargas Llosa y Pedro Cateriano y muchos otros liberales, otros no.

— A diferencia de 2011 y 2016, Keiko Fujimori ya no solo carga con los pasivos del gobierno de su padre, el encarcelado expresidente Alberto Fujimori, también tiene en su espalda la mochila del rol de la bancada de Fuerza Popular en el Congreso que fue disuelto y la investigación por el Caso Odebrecht. ¿Solo unas disculpas sinceras le pueden dar posibilidades reales?

Ella sigue siendo una de las políticas más impopulares en todo el país. Hay pocos políticos menos queridos que Keiko Fujimori y no es por los pasivos de su padre. Ella sacó el 40% del voto en la primera vuelta de 2016, esta vez no llegó ni a la mitad de eso. Es decir, es menos popular hoy por las denuncias de Odebrecht y el comportamiento atroz de la bancada fujimorista en los últimos cinco años. Keiko Fujimori lleva años hablando de su mochila, de tomar distancia con el pasado, de lidiar con sus pasivos, de pedir disculpas. ¿Si podría ganar algunos votos más en Lima pidiendo disculpas? Sí, puede ser, no lo sé. Pero hoy en día es muy difícil para Keiko Fujimori distanciarse de su pasado, limpiar su imagen, hay demasiado que limpiar.

— Fujimori ha polarizado la campaña entre economía de libre mercado y comunismo. ¿No repite una fórmula que no le funcionó en el 2011 y 2016?

A mí me parece que el discurso anticomunismo ayuda algo en Lima. Probablemente, moviliza a gente que ya iba a votar por ella igual, ella tiene que llegar al electorado más marginado, al electorado fuera de Lima. Y no sé si ese discurso funciona, ella tiene que hablar de una manera creíble de cambiar. Yo creo que el discurso anticomunista es insuficiente.

— Según la última encuesta de Ipsos Perú, el 32% quiere que se realicen cambios radicales al modelo económico, un 54% cambios moderados y un 11% que continúe como está. Si el 86% quiere un cambio, ¿cómo se explica que la candidata de Fuerza Popular continúe en su defensa cerrada al status quo?

Yo creo que vas a ver a Keiko Fujimori yendo más a la izquierda, ya la vimos un poco en Chota. Obviamente, no prometió una ruptura con el modelo [económico] pero está empezando a hablar más de políticas redistributivas, populistas, como ustedes las llaman. Yo creo que en las semanas que viene será más pro pobre, más estatista y creando más distancia con el modelo actual. Vamos a ver a Keiko Fujimori más pegada a la izquierda.

— ¿Y es posible ver a la Keiko Fujimori de Harvard, la que habló bien de la CVR, la que se pronunció a favor de la unión civil?

Keiko Fujimori es una política muy pragmática, es un camaleón. En su momento ha sido conservadora, también ha intentado posicionarse como liberal, ha probado mucha ropa distinta. Entonces, es capaz de decir muchas cosas, pero yo creo que ya no tiene credibilidad. Intentó su giro al centro liberal, lo abandonó por completo en la campaña de 2016 y durante los últimos cinco años. Es posible que busque captar el centro más liberal en Lima, pero yo creo que tiene poca credibilidad ahí. Representa a una derecha no liberal, la Keiko Fujimori de Harvard ya se murió.

— La candidata de Fuerza Popular ha referido que su Gabinete Ministerial, si llega a ser elegida, será sin colores políticos. ¿Tender puentes a cuadros técnicos independientes y de otros partidos la beneficia? ¿Es suficiente?

Sí, Keiko, como tiene que ser, ha buscado ampliar su coalición, y lo ha hecho y lo sigue haciendo buscando políticos, técnicos y economistas que no son históricamente fujimoristas, algunos que son anti fujimoristas, ella tiene que ampliar su coalición y está trabajando en eso, es una política experimentada, está haciendo lo que tiene que hacer, lo que pasa es que es muy impopular, es una lucha muy difícil para ella. Castillo le va a costar algo el hecho de que hasta ahora no está ampliando su coalición, debería tender puentes como está haciendo Keiko a otros grupos políticos, de centro izquierda, centro, si no lo hace va a perder más terreno en Lima y eso va a achicar la distancia entre los dos candidatos.

— Al inicio de esta entrevista usted mencionó que un eventual gobierno de Castillo sería débil. ¿Cuáles son los límites de Fujimori Higuchi en el Ejecutivo?

Ella está en una situación parecida a la de Alan García en el 2006. Antes de esa elección, García no era querido por el establishment. Obviamente, como se enfrentó y derrotó a Ollanta Humala consiguió una alianza bastante fuerte con el establishment conservador. Keiko Fujimori podría hacer lo mismo. [En un eventual gobierno] va a tener el apoyo del sector privado, de los medios de comunicación y de muchos técnicos capaces. Entonces, su capacidad de construir un gobierno y gobernar creo que no es limitada. Pero desde el primer día será una presidenta muy poco popular. Si gana, será porque la mayoría de peruanos llega a la misma conclusión que Vargas Llosa: ella es el mal menor. Será el peor mal menor en la historia de la democracia peruana y empezaría desde el primer día siendo un gobierno poco popular, ese será su problema principal.

Para cualquiera de los dos [que resulte] siendo gobierno el año que viene será muy difícil, la economía está muy mal y el problema de la pandemia y de la distribución de la vacuna en los meses que viene es muy serio. Cualquiera de los dos gobiernos va enfrentar serios problemas de gobernabilidad.

— Castillo firmó dos compromisos para obtener el respaldo de Verónika Mendoza. Pero en estos aún hay vacíos. Por ejemplo, no indica si respetará la autonomía de los órganos autónomos, no rechaza el indulto a Antauro Humala y tampoco dice dónde queda su programa de estatizaciones. ¿Cómo puede aterrizar estos acuerdos?

La sociedad no puede exigir que el tipo renuncie a toda su plataforma. No me llama mucho la atención de que no haya renunciado a su programa de estatización, aunque en la práctica dudo que lo cumpla. Pero es su plataforma, es de izquierda, obviamente se va a proponer hacer crecer el Estado. Y pedir que renuncie en campaña a la estatización me parece una locura.

Me parece que es importante que haya dicho, aunque no es garantía de nada, que piensa salir de la Presidencia en el 2026. También me alegró ver cierto compromiso, por lo menos en el papel, con los derechos de todos. Entonces, me parece positivo. Obviamente, una especie de hoja de ruta no garantiza nada, a veces hay compromisos serios como el de Humala en el 2011 y a veces, no. Hugo Chávez en 1998 prometió muchas cosas que luego abandonó. Pero es positivo que Castillo esté intentando ampliar su base, su coalición y reconoce que tiene que fortalecer sus credenciales como demócrata.

— ¿Una alianza más sólida entre Castillo y Mendoza haría viable un eventual gobierno de Perú Libre? En el Congreso tendrían juntos 42 votos. Dos más y evitan la vacancia.

Sí, pero tienen que gobernar, parece dado los últimos años que ser presidente en el Perú es vivir evitando la vacancia, pero tiene que gobernar, construir no solo el número de voto para evitar la vacancia, necesita construir coaliciones en el Congreso para ser capaz de legislar, aprobar leyes y hacer reformas. Y eso es más difícil. Lo de Mendoza es un paso importante y creo que sobre todo lo será por el equipo técnico que ella le podría aportar. Y en el Congreso me imagino que van a trabajar juntos los dos partidos, pero si Castillo quiere gobernar [en caso gane] necesita crecer más, una cohesión que va más allá de Juntos por el Perú.

— ¿Es necesario que de parte de Fujimori Higuchi también haya una suscripción de compromisos?

Mira, siempre es bueno. El Perú, lamentablemente, tiene un problema, que ninguno de los dos candidatos [del balotaje] tienen un compromiso histórico con las reglas del juego democrático. Entonces, sería más preferible no tener que preocuparnos por el compromiso democrático de los candidatos, pero aquí estamos. En una situación, así, cuando los dos candidatos carecen de un compromiso con la democracia siempre es bueno ver gestos de compromisos, que no son garantía de nada, pero son gestos. Me gustaría ver a Keiko Fujimori decir que no haría la represión atroz que hemos visto en los últimos en Colombia o dar su apoyo, como lo hizo en Harvard en el 2015, a la CVR. Y también se requiere un compromiso de los dos de no indultar ni a Antauro Humala ni a Alberto Fujimori. Pero Keiko Fujimori tiene un problema de credibilidad, no creo tenga el mismo efecto que tuvo la hoja de ruta de Humala.

— Estamos afrontando múltiples crisis: sanitaria, económica y política. ¿Cómo salimos de estas? ¿Cuánto tiempo nos puede tomar?

Son tres crisis totalmente distintas, lo de salir la crisis sanitaria que es lo más urgente, tiene su propio patrón. Y la crisis política es por lejos la de más lenta recuperación, porque el Perú no va a tener una democracia de calidad hasta que se fortalezca su Estado, hasta que funcione mejor y, probablemente, hasta que se construyan partidos políticos de verdad. Creo que es más fácil reactivar la economía que reactivar la democracia.